febrero 05, 2004

Por alguna extraña razón le había gustado yo. Y siempre es bueno que le gustes al dueño del restaurante/bar porque te regala todas las bebidas y el buffet de sushi. Pero cuando me tocó la pierna yo me quejé de un dolor inaguantable en la rodilla. Y era cierto, porque, de alguna manera, el hoyo en mi pie se había pasado a ese lugar. Y lo que sigue pues obvio. Terminar trabajando en la computadora de la cochera de su casa que está a dos de la de Pedro.