marzo 16, 2004

En un arranque de furia, sacó todas mis cosas de la casa. La vi y empecé a gritarle. Nos enfrascamos en una discusión gigante pero esta vez yo tenía la última palabra. Y ella le dijo, "Tiene razón, no sé qué me pasó". Y yo le dije que quería seguir viviendo ahí pero probablemente durante un año nada más. Ella empezó a alterarse otra vez y yo le dije que le preguntara a su padre cómo había sido dejarla ir a ella. Le preguntó a su padre, que estaba convenientemente sentado en el sillón de la sala. Él dijo que no había sido tan difícil porque ella pasaba de la sumisión bajo un hombre a la de otro. "¿Ves?," me dijo, "Es muy diferente". "Sí" dije yo, con resignación y gratitud. Inmensa gratitud.